¿Qué precauciones se deben tomar si se convive con una persona infectada por el VIH?

Es importante hacer énfasis en que la convivencia familiar, laboral, escolar o social no contempla ningún riesgo para adquirir la infección por el VIH.

Está claramente demostrado que el virus  no se adquiere al compartir platos, beber del mismo vaso, compartir alimentos o usar la misma ducha, sanitario, piscinas, y lugares públicos en general con personas infectadas. El VIH tampoco se transmite por el agua, por el aire ni a través de animales o insectos.

Fluidos corporales como  el nasal, la saliva, el sudor, las lágrimas, la orina o el vómito tampoco son infecciosos a no ser que contengan sangre.

En resumen, el riesgo es prácticamente inexistente si se tienen las precauciones adecuadas como no compartir objetos corto punzantes, cuchillas, máquinas de afeitar y utilizar una barrera física, tipo guantes en el caso que se le vaya prestar asistencia a un individuo infectado que presente una herida abierta.

¿Cuál es la polémica alrededor del origen no infeccioso del SIDA?

El SIDA se describió en 1981 y dos años más tarde se identificó al VIH como su agente causal. Sin embargo hoy, después de muchos años de investigación, existe un grupo de personas que aún promueven el origen no infeccioso de esta inmunodeficiencia, negando la existencia del VIH y postulando como causa una variedad de factores tóxico-nutricionales que pueden actuar solos, o en conjunto para «estresar» el sistema inmune y producir la inmunodeficiencia grave, característica del SIDA.

Afortunadamente, la existencia del VIH y su asociación causal con el SIDA han sido corroboradas por diferentes investigadores quienes han demostrado claramente el origen infectocontagioso de esta enfermedad. De hecho, para poder identificar la causa de una enfermedad se deben cumplir varios postulados o requisitos, los cuales se han cumplido en este caso.

Es por eso que consideramos que la controversia sobre la etiología del SIDA, si bien se justificó en los primeros años de la epidemia, debe ser reconsiderada a la luz de la evidencia científica acumulada en las últimas décadas.

En este momento los esfuerzos de las distintas investigaciones se concentran en el diseño de vacunas eficientes y en implementar terapias que mejoren la calidad y expectativa de vida de quienes se encuentran infectados con este virus.